- Vie Mar 26, 2010 3:13 pm
#52542
¡¡¡Tocho viene!!!
Seh, esto es puro off-topic.
Pues bien, hace un tiempo, asistí a un cursillo de la Universidad que trataba sobre la vida en el océano cósmico. En el dossier que nos dieron, leí un pequeño texto sobre los extraterrestres que me pareció bastante bueno, así que os lo pongo aquí para que comentéis
. Lo he traducido del catalán, así que quizás hay alguna catalanada, pero he procurado que no haya muchas
.
"Si tenemos que conceder algún crédito a los numerosos testimonios que juran haberlos visto y a los muchos filmes y novelas que se han acercado al tema, nuestro planeta es una especie de Benidorm cósmico en cuanto al turismo alienígena se refiere. Curioso, ya que si nuestra galaxia desborda de tanta vida, tendrían que ser también incontables las destinaciones posibles dignas de ser visitadas. No es el caso. La Tierra es una destinación privilegiada donde no paran de llegar hordas de visitantes extraterrestres con finalidades diversas: establecerse aquí (inmigración galáctica), invadirnos (los más) o, simplemente, darnos un toque de atención, como si de dioses redentores modernos se tratase.
Antes de los agentes Mulder y Scully del FBI (saga Expediente X, 1993-2002) era rutinario combatir a los alienígenas que se paseaban por aquí. Organizadamente (UFO, 1970) o a título individual (Los Invasores, 1967). La guerra de los mundos (1953) y Independence Day(1996) conforman el arquetipo de los filmes de invasiones totales. La serie V (1983), fue el fenómeno de los años 1980: unos terribles lagartos alienígenas se esconden bajo la piel artificial para adoptar un aspecto humanoide y camuflarse entre los terrícolas. La invasión está servida. A veces, pero, los invasores alienígenas van cortos de personal y envían sólo a un solitario (e impecable) representante: Depredador (1987) o Alien (1979), son los ejemplos más conseguidos. Mars Attacks! (1996) es un homenaje a este subgénero de filmes que tanta tirada tuvieron a los años 1950. Se estableció el estereotipo de extraterrestre (pequeños hombrecitos verdes): cabeza voluminosa, donde se aloja un cerebro enorme (símbolo habitual, pero falso, de inteligencia) sobre un frágil y pequeño cuerpo. Un diseño contradictorio.
Alienígenas más sutiles los encontramos en filmes como La Invasión (2007) donde la misteriosa epidemia que altera el comportamiento de las personas es de origen extraterrestre. Nuevas versiones de las magistrales La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) y La invasión de los ultracuerpos (1978). Narran la progresiva sustitución de familiares y amigos por réplicas sin sentimientos ni emociones. Los alienígenas más allá de nuestra comprensión son el planeta inteligente de Solaris (1972) y las rocas extraterrestres vivientes de The Monolith Monsters (1957), pasando por el ser vegetal de El enigma de otro mundo (1951) Extraterrestres extraños que apuntan la posibilidad de existencia de seres vivos basados en otros elementos químicos diferentes de la sílice, el elemento habitual de constitución de los organismos terrestres y alienígenas.
Con el paulatino agotamiento del tema, han aparecido nuevas fórmulas que explotan la variante satírica. El inquilino, serie de TV española recupera la tradición de las comedias de situación con alienígenas como Mi marciano favorito (1963) o Alf (1986). Una manera inteligente de cuestionar, diseccionar y criticar los modelos sociales. Un recurso en el caso español, pero, mucho mejor utilizado en filmes como El milagro de P. Tinto (1998) o la novela Sin noticias de Gurb (E. Mendoza, 1991). Otros ejemplos conseguidos son las entregas Men in Black (1997), donde se parodia y ridiculiza la supuesta existencia de los hombres de negro encargados de borrar las pruebas que demuestren la numerosa presencia de extraterrestres entre nosotros.
Seres alienígenas, habitualmente de forma humanoide, y estrategias de invasión con finalidades diversas, conforman los elementos argumentales de una gran cantidad de filmes y novelas. El acercamiento al tema es un buen reflejo de las expectativas optimistas (las menores) y pesimistas (las que más, ya que dan más juego a la ficción) de la humanidad ante la posibilidad del contacto con seres alienígenas.
Pero, en realidad, ¿hace falta estar prevenidos ante unos intrusos semejantes? ¿Cuál es la probabilidad que seamos, en serio, invadidos por hordas alienígenas o contactemos con agresivos (o benévolos) seres del espacio? Los astrónomos y, al largo de la historia, muchos otros pensadores también (Plutarco, Kepler, Huygens, Fontanelle, Kant, Gauss, Herschel Lowell, Flammarion, etc.), llevan dándole vueltas al asunto desde hace tiempo. En primer lugar, se debería responder a la cuestión: ¿hacia donde deberíamos dirigir los esfuerzos de observación para detectar el lugar de procedencia de estos invasores?
Las leyes físicas y las constantes universales de nuestro universo son compatibles con la vida inteligente. Pero ésta, no habría tenido la ocasión de desarrollarse en todos los lugares. En los años 1980, los astrofísicos introdujeron la idea de existencia de un cinturón de vida en nuestra galaxia: la denominada Zona Galáctica Habitable (GHZ). Fuera de ésta, la vida compleja tendría una baja probabilidad de evolucionar.
Teniendo en cuenta el efecto esterilizador causado por las supernovas y los requerimientos de acumulación de metales al lado de una escala temporal para la evolución de la vida compleja de unos 4000 millones de años, la zona habitable galáctica seria una región anular situada entre 7 y 9 kilopársecs del centro de la Galaxia. Una hipótesis razonable pero aún por confirmar. Los terribles insectos alienígenas gigantes de Las brigadas del espacio (1999) y el extraterrestre bueno de ET (1982) son originarios de lugares mucho más lejanos (en la ficción, claro).
La pieza central de la discusión sobre la existencia de vida extraterrestre ha sido, y sigue siéndolo, la denominada Ecuación de Drake propuesta en 1961 durante la primera reunión del proyecto SETI. Su propósito es estimar el número de civilizaciones, N, de nuestra Galaxia capaces de enviar emisiones que pueden ser detectadas en la banda de radio del espectro electromagnético. Una cosa útil aunque insuficiente para abastecer la complejidad del asunto.
Ante todo, esta ecuación señala las claves para la determinación de N y muestra su dependencia con la durada de una civilización. Cualquiera que pretenda debatir este tema, tiene que aceptar esta ecuación como pilar inicial de trabajo. Así, los optimistas del contacto (como el astrónomo Carl Sagan) sugieren que los resultados de la ecuación se ven afectados moderadamente por variaciones en el orden de magnitud de los factores.
Los pesimistas del contacto, basándose en la aparente ausencia de extraterrestres, señalan que N es muy pequeño y que, por lo tanto, algunos de los factores de la ecuación tienen valores minúsculos. Para estos, la vida, la inteligencia, o ambas, son extremadamente improbables. La Paradoja de Fermi sostiene que si otras civilizaciones existen el la Galaxia, algunas tienen que ser mucho más viejas que la nuestra (quizás miles de millones de años). Tendrían que haber desarrollado el viaje interestelar, lo que les hubiese permitido explorar o colonizar la Galaxia en una escala temporal relativamente corta en comparación con el tiempo de vida de la misma. Por lo tanto, deberían de estar por aquí. Ya que no están, entonces la premisa inicial es falsa: no existen. ¿Dónde están, si no? La paradoja muestra la contradicción existente entre las estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de existencia de civilizaciones inteligentes en el universo y la ausencia de evidencia de la presencia de estas civilizaciones.
Se han propuesto una amplia variedad de soluciones que intentan resolverla. Explicaciones como la situación de cuarentena de la Tierra (la hipótesis zoo), la inevitable autodestrucción, el desinterés hacia nosotros, las teorías conspiracionistas de ocultación de pruebas, la incompatibilidad biológica, la pérdida de interés por los viajes espaciales, etc. Argumentos que han servido de combustible para no pocas tramas de ciencia ficción, sobretodo literaria.
El argumento de Sagan, establece que si existen muchas civilizaciones avanzadas entonces la probabilidad que visiten la Tierra es pequeña ya que habrá muchos otros lugares interesantes en la Galaxia dignas de examinar. Por contra, si existen pocas civilizaciones avanzadas, entonces también la probabilidad que nos visiten resulta pequeña ya que se encontrarán dispersas, muy alejadas de aquí. En suma, la probabilidad que extraterrestres malvados o buenos se presenten algún día por la Tierra es pequeña.
Para algunos, los extraterrestres están entre nosotros. Para otros (¿los mismos?), el contacto con civilizaciones ya se ha producido. Aunque los científicos no comparten estas ideas, la mayoría está de acuerdo en afirmar que tienen que existir formas de vida alienígena. En algún lugar, hasta inteligente. El problema radica en el cómo y el cuándo del contacto. La ficción ya nos ha preparado para este anhelado (o tal vez no) contacto. ¿Estaremos preparados cuando se produzca?"
Cabe decir que la Ecuación de Drake es del todo sujetivo, ya que para algunos no llega a cien civilizaciones por galaxia mientras que para Drake llegaba a las cien mil
. Eso es tener más moral que el Alcoyano xD.
De veras, es interesante ^^.
Seh, esto es puro off-topic.
Pues bien, hace un tiempo, asistí a un cursillo de la Universidad que trataba sobre la vida en el océano cósmico. En el dossier que nos dieron, leí un pequeño texto sobre los extraterrestres que me pareció bastante bueno, así que os lo pongo aquí para que comentéis
"Si tenemos que conceder algún crédito a los numerosos testimonios que juran haberlos visto y a los muchos filmes y novelas que se han acercado al tema, nuestro planeta es una especie de Benidorm cósmico en cuanto al turismo alienígena se refiere. Curioso, ya que si nuestra galaxia desborda de tanta vida, tendrían que ser también incontables las destinaciones posibles dignas de ser visitadas. No es el caso. La Tierra es una destinación privilegiada donde no paran de llegar hordas de visitantes extraterrestres con finalidades diversas: establecerse aquí (inmigración galáctica), invadirnos (los más) o, simplemente, darnos un toque de atención, como si de dioses redentores modernos se tratase.
Antes de los agentes Mulder y Scully del FBI (saga Expediente X, 1993-2002) era rutinario combatir a los alienígenas que se paseaban por aquí. Organizadamente (UFO, 1970) o a título individual (Los Invasores, 1967). La guerra de los mundos (1953) y Independence Day(1996) conforman el arquetipo de los filmes de invasiones totales. La serie V (1983), fue el fenómeno de los años 1980: unos terribles lagartos alienígenas se esconden bajo la piel artificial para adoptar un aspecto humanoide y camuflarse entre los terrícolas. La invasión está servida. A veces, pero, los invasores alienígenas van cortos de personal y envían sólo a un solitario (e impecable) representante: Depredador (1987) o Alien (1979), son los ejemplos más conseguidos. Mars Attacks! (1996) es un homenaje a este subgénero de filmes que tanta tirada tuvieron a los años 1950. Se estableció el estereotipo de extraterrestre (pequeños hombrecitos verdes): cabeza voluminosa, donde se aloja un cerebro enorme (símbolo habitual, pero falso, de inteligencia) sobre un frágil y pequeño cuerpo. Un diseño contradictorio.
Alienígenas más sutiles los encontramos en filmes como La Invasión (2007) donde la misteriosa epidemia que altera el comportamiento de las personas es de origen extraterrestre. Nuevas versiones de las magistrales La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) y La invasión de los ultracuerpos (1978). Narran la progresiva sustitución de familiares y amigos por réplicas sin sentimientos ni emociones. Los alienígenas más allá de nuestra comprensión son el planeta inteligente de Solaris (1972) y las rocas extraterrestres vivientes de The Monolith Monsters (1957), pasando por el ser vegetal de El enigma de otro mundo (1951) Extraterrestres extraños que apuntan la posibilidad de existencia de seres vivos basados en otros elementos químicos diferentes de la sílice, el elemento habitual de constitución de los organismos terrestres y alienígenas.
Con el paulatino agotamiento del tema, han aparecido nuevas fórmulas que explotan la variante satírica. El inquilino, serie de TV española recupera la tradición de las comedias de situación con alienígenas como Mi marciano favorito (1963) o Alf (1986). Una manera inteligente de cuestionar, diseccionar y criticar los modelos sociales. Un recurso en el caso español, pero, mucho mejor utilizado en filmes como El milagro de P. Tinto (1998) o la novela Sin noticias de Gurb (E. Mendoza, 1991). Otros ejemplos conseguidos son las entregas Men in Black (1997), donde se parodia y ridiculiza la supuesta existencia de los hombres de negro encargados de borrar las pruebas que demuestren la numerosa presencia de extraterrestres entre nosotros.
Seres alienígenas, habitualmente de forma humanoide, y estrategias de invasión con finalidades diversas, conforman los elementos argumentales de una gran cantidad de filmes y novelas. El acercamiento al tema es un buen reflejo de las expectativas optimistas (las menores) y pesimistas (las que más, ya que dan más juego a la ficción) de la humanidad ante la posibilidad del contacto con seres alienígenas.
Pero, en realidad, ¿hace falta estar prevenidos ante unos intrusos semejantes? ¿Cuál es la probabilidad que seamos, en serio, invadidos por hordas alienígenas o contactemos con agresivos (o benévolos) seres del espacio? Los astrónomos y, al largo de la historia, muchos otros pensadores también (Plutarco, Kepler, Huygens, Fontanelle, Kant, Gauss, Herschel Lowell, Flammarion, etc.), llevan dándole vueltas al asunto desde hace tiempo. En primer lugar, se debería responder a la cuestión: ¿hacia donde deberíamos dirigir los esfuerzos de observación para detectar el lugar de procedencia de estos invasores?
Las leyes físicas y las constantes universales de nuestro universo son compatibles con la vida inteligente. Pero ésta, no habría tenido la ocasión de desarrollarse en todos los lugares. En los años 1980, los astrofísicos introdujeron la idea de existencia de un cinturón de vida en nuestra galaxia: la denominada Zona Galáctica Habitable (GHZ). Fuera de ésta, la vida compleja tendría una baja probabilidad de evolucionar.
Teniendo en cuenta el efecto esterilizador causado por las supernovas y los requerimientos de acumulación de metales al lado de una escala temporal para la evolución de la vida compleja de unos 4000 millones de años, la zona habitable galáctica seria una región anular situada entre 7 y 9 kilopársecs del centro de la Galaxia. Una hipótesis razonable pero aún por confirmar. Los terribles insectos alienígenas gigantes de Las brigadas del espacio (1999) y el extraterrestre bueno de ET (1982) son originarios de lugares mucho más lejanos (en la ficción, claro).
La pieza central de la discusión sobre la existencia de vida extraterrestre ha sido, y sigue siéndolo, la denominada Ecuación de Drake propuesta en 1961 durante la primera reunión del proyecto SETI. Su propósito es estimar el número de civilizaciones, N, de nuestra Galaxia capaces de enviar emisiones que pueden ser detectadas en la banda de radio del espectro electromagnético. Una cosa útil aunque insuficiente para abastecer la complejidad del asunto.
Ante todo, esta ecuación señala las claves para la determinación de N y muestra su dependencia con la durada de una civilización. Cualquiera que pretenda debatir este tema, tiene que aceptar esta ecuación como pilar inicial de trabajo. Así, los optimistas del contacto (como el astrónomo Carl Sagan) sugieren que los resultados de la ecuación se ven afectados moderadamente por variaciones en el orden de magnitud de los factores.
Los pesimistas del contacto, basándose en la aparente ausencia de extraterrestres, señalan que N es muy pequeño y que, por lo tanto, algunos de los factores de la ecuación tienen valores minúsculos. Para estos, la vida, la inteligencia, o ambas, son extremadamente improbables. La Paradoja de Fermi sostiene que si otras civilizaciones existen el la Galaxia, algunas tienen que ser mucho más viejas que la nuestra (quizás miles de millones de años). Tendrían que haber desarrollado el viaje interestelar, lo que les hubiese permitido explorar o colonizar la Galaxia en una escala temporal relativamente corta en comparación con el tiempo de vida de la misma. Por lo tanto, deberían de estar por aquí. Ya que no están, entonces la premisa inicial es falsa: no existen. ¿Dónde están, si no? La paradoja muestra la contradicción existente entre las estimaciones que afirman que hay una alta probabilidad de existencia de civilizaciones inteligentes en el universo y la ausencia de evidencia de la presencia de estas civilizaciones.
Se han propuesto una amplia variedad de soluciones que intentan resolverla. Explicaciones como la situación de cuarentena de la Tierra (la hipótesis zoo), la inevitable autodestrucción, el desinterés hacia nosotros, las teorías conspiracionistas de ocultación de pruebas, la incompatibilidad biológica, la pérdida de interés por los viajes espaciales, etc. Argumentos que han servido de combustible para no pocas tramas de ciencia ficción, sobretodo literaria.
El argumento de Sagan, establece que si existen muchas civilizaciones avanzadas entonces la probabilidad que visiten la Tierra es pequeña ya que habrá muchos otros lugares interesantes en la Galaxia dignas de examinar. Por contra, si existen pocas civilizaciones avanzadas, entonces también la probabilidad que nos visiten resulta pequeña ya que se encontrarán dispersas, muy alejadas de aquí. En suma, la probabilidad que extraterrestres malvados o buenos se presenten algún día por la Tierra es pequeña.
Para algunos, los extraterrestres están entre nosotros. Para otros (¿los mismos?), el contacto con civilizaciones ya se ha producido. Aunque los científicos no comparten estas ideas, la mayoría está de acuerdo en afirmar que tienen que existir formas de vida alienígena. En algún lugar, hasta inteligente. El problema radica en el cómo y el cuándo del contacto. La ficción ya nos ha preparado para este anhelado (o tal vez no) contacto. ¿Estaremos preparados cuando se produzca?"
Cabe decir que la Ecuación de Drake es del todo sujetivo, ya que para algunos no llega a cien civilizaciones por galaxia mientras que para Drake llegaba a las cien mil
De veras, es interesante ^^.


