[COLUMNA DE LA SEMANA] No, no es que el mundo sea así

2020 está siendo un año muy convulso para el Smash competitivo. No solo por la cancelación masiva de torneos presenciales motivada por la pandemia de COVID-19, sino porque han salido a la luz numerosas acusaciones relacionadas con abusos sexuales en la comunidad de Smash, especialmente en la de Estados Unidos. Alrededor de 50 jugadores, comentaristas y organizadores se han visto envueltos en estas incriminaciones, y algunas de las víctimas han resultado ser menores de edad.
Ahora que las cosas se han calmado un poco y que este tema ya no es la agenda diaria de la comunidad de Smash mundial (cosas de Internet), creo que es el momento de sacar este asunto a colación. Es hora de que nuestra escena competitiva haga una reflexión y analice qué ha llevado a que se produzca esta situación.
He oído y leído a muchas personas tratar el tema simplemente encogiéndose de hombros y aceptando esta situación con resignación. Sí, tanto de la comunidad estadounidense como la española. "Es que el mundo es así". "Esto pasa en todas partes, es incontrolable". "Al final son una minoría de manzanas podridas". Esas son las cosas que he oído. Incluso, yendo más lejos todavía, he visto a personas defendiendo a sus ídolos o blanqueando lo que han hecho. O, peor aún, culpabilizando a las propias víctimas.
Este comportamiento se ha visto y se sigue viendo ante casos similares en instituciones como la Iglesia. Sí, he dicho eso. Muchos miran hacia otro lado, le echan la culpa a la sociedad, se hacen los locos o directamente son capaces de excusar a personas que han cometido actos imperdonables. La comunidad de Smash todavía no cuenta con la madurez suficiente como para enfrentarse a situaciones como estas, y la avalancha de casos que se han visto (y los que quizá queden por descubrir) nos demuestra que hay un problema grave en la comunidad de Smash. Incluso, casos similares han llegado a darse en la escena española, a pesar de que es infinitamente más pequeña que la americana.
Hay que hacer una reflexión profunda. ¿Qué ha llevado a todo esto? ¿Por qué ha habido tantos casos en la escena de un videojuego como este? Probablemente sea muy complicado dar una respuesta, y de hecho creo que nadie puede responder a estas preguntas con certeza. Sin embargo, pienso que la comunidad de Smash es un círculo perfecto para que los abusadores campen a sus anchas.
«Es importante darse cuenta de que no es que el mundo sea así: la comunidad que hemos construido es un territorio muy cómodo para los abusadores»
Dentro de las agrupaciones de juegos de lucha, Smash es la que tiene más menores de edad. Hay muchos adolescentes que vienen de sagas como Super Mario Bros., The Legend of Zelda o similares, y estos se juntan con adultos, muchos de ellos veteranos que llevan jugando desde los tiempos de Brawl o incluso Melee. Los más jóvenes se acercan a los más mayores, que en muchas ocasiones son personas destacadas o famosas de la comunidad. Muchos desarrollan toda su vida social en la comunidad de Smash: no solo disfrutan juntos del videojuego, sino que viajan a torneos, salen de fiesta, quedan para hacer otras cosas... se forman vínculos muy cercanos entre personas de edades dispares, y todo ello en un círculo relativamente cerrado.
Todos estos ingredientes forman un cóctel muy peligroso que permite a los abusadores actuar con cierta impunidad. Tienen a las potenciales víctimas cerca, comparten mucho con ellas y encima muchos son personas respetadas y reconocidas no solo por los propios menores de edad, sino por el mundo del Smash en general.
Es importante darse cuenta de que no es que el mundo sea así: simplemente, la comunidad que hemos construido es un territorio muy cómodo para los abusadores, como lo son otras agrupaciones del estilo. Por esa razón, es responsabilidad de todos nosotros condenar y sobre todo denunciar estos casos. Siempre. No hemos de dejar que los potenciales abusadores sientan que pueden hacer lo que quieran. Tanto los organizadores como los jugadores somos responsables de construir una escena competitiva sana y segura para todos, sobre todo si tenemos en cuenta a los menores de edad. Es necesario que todos, conjuntamente, hagamos un esfuerzo y demostremos con nuestro rechazo firme que no permitimos este tipo de comportamientos en nuestra comunidad.
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