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Nos vemos en la próxima retransmisión.

La sangre sabe a hierro

Mola tomarse en serio cosas sin importancia

“Mira: hay sangre fluyendo por tu interior. Sangre roja y brillante. / ¡Ponle espíritu, Smile!”

 

Qué fácil y qué tópico es pensar en lo bonito que es competir una vez terminas Ping Pong. Como a mí lo de transmitir ese espíritu que reclama Peco a través del juego me queda ya algo lejos, quería intentar compartirlo mediante la palabra. No obstante, cada vez que la idea de hacer este texto emerge en mi mente, la desecho al poco tiempo, fruto de la última controversia del momento. Y, a pesar de todo, la sangre sigue sabiendo a hierro; así que aquí va.

 

Hace no demasiado, uno de los integrantes más antiguos de SmashCyL ha dejado de competir. Creo que ha tomado la decisión correcta y estoy muy orgulloso de que haya podido colgar el mando. Squarer es alguien a quien durante mucho tiempo no he entendido. Me enfadaba su relación con el juego, pues su satisfacción parecía derivar exclusivamente de su posición en el ranking autonómico. Además de esto, se encontraba en una dicotomía en la cual, por un lado, decía querer mejorar y, por otro, llevaba años estancado en su playstyle. ¿Acaso no veía que esto era incompatible? ¿Que era imposible avanzar sin estudio serio, sin un esfuerzo meditado?

Tras las palabras iniciales de los organizadores en su torneo de despedida, el jugador de R.O.B. dio un pequeño discurso. En él, apeló a las nuevas generaciones que lo escuchaban. Les dijo que aprovecharan el hecho de que habían entrado a una familia ya formada. —Una familia disfuncional, pensé yo, poblada de miembros antisociales, ínfulas de grandeza, enfados, gestos despectivos, gritos a la pantalla, deseos de muerte; por no hablar de las cosas que ocurren fuera de las venues. Una familia de gente que lo da todo por ganar, de personas que sacrifican su tiempo libre por sacarla adelante, de gente maravillosa que está contigo todos los días a pesar de estar a cientos de kilómetros de distancia—.

El chaval emo y edgy que empezó a competir en Brawl con otros cuatro matados de Valladolid poco tenía que ver con el hombre que nos hablaba en ese momento. Sin embargo, podemos trazar el camino entre ambos a través de este juego que nos une a todos. No había crecido, evolucionado, mejorado en paralelo al Smash, sino gracias a él. Competitivamente también, supongo. Qué más da.

Cuando perdió el quinto game contra Crisrod en Losers, durante unos instantes que se hicieron eternos, Squarer no se movió de la silla. Al poco, rompió a llorar. (Su game count en el momento en que escribo estas palabras es de 37-38 a favor del jugador de Ken. Qué más da.)

 

No creo estar descubriéndole la rueda a nadie al afirmar cínicamente que nada importa. Lo crucial aquí, sin embargo, es darnos cuenta de hasta qué punto importa esta nada. Siempre me ha costado mucho entender el furor por cualquier deporte, y en particular por el fútbol. “Son veinte matados corriendo tras un balón como si estuvieran en el patio del colegio”, y es verdad. Pero en este mismo torneo en que vi a un compañero de comunidad derramando lágrimas porque todo había acabado, me descubrí tirándome de los pelos porque Angeloti no paraba de malgastar las Wonderwings en la primera ronda de Losers contra un Terry novato.

Nada importa. El Smash (no) es nada. Es un videojuego para que los chavalines pasen la tarde echándose unas risas cuando Super Mario lanza a Kirby por los aires gracias a la ayuda de Palkia mientras los coches de F-Zero rugen bajo el escenario. Pero el Smash nos importa.

Me ilusiona la capacidad que tenemos para tomarnos esta nada tan en serio. Creo que hay algo profundamente humano en la capacidad de sentir emociones tan variopintas y tan fuertes por esta nadería. A través de nuestras acciones para con el juego podemos impregnar de significado lo insignificante. Ser el mejor en algo que no le importa a nadie. Invertir cientos de horas entrenando un desync que no le importa a nadie. Ser capaces de distinguir entre dos jugadores de un mismo personaje que no le importan a nadie solo por su playstyle. Juntar a decenas y cientos de personas para disfrutar y sufrir por algo que no le importa a nadie. Forjar vínculos de por vida que no le importan a nadie. (Podríamos preguntarnos también por qué somos más pasionales por estas cosas que por problemáticas que impactan nuestra sociedad directamente, pero esta columna no es el momento ni el lugar.)

Esto tiene también su parte negativa: como se ha señalado en otros lugares, este juego le da la oportunidad de ser alguien a personas que no están preparadas para ello. Los comportamientos antideportivos y el ego desmedido son solo algunas de las lacras que tenemos ahora mismo en la comunidad. A mucha gente del gremio le cuesta diferenciar entre ficción y realidad. Imbuir nuestro mundo de narrativa es muy bonito, pero no debemos perder el norte y tuitear como un villano de anime por cumplir seed otra vez.

 

Es importante recordar que, por mucho que ocupe el Smash en nuestras vidas, la amplísima mayoría de nosotros tenemos la suerte de que esto es 'solo' una afición. Aprovechémoslo para esforzarnos sin presión real. Usando el juego como lienzo, expresémonos. Demostremos superioridad o creatividad o diversión o abnegación o mediocridad o... Pero tengamos en cuenta que siempre hay alguien de carne y hueso más allá del personaje, tanto en el caso del rival como en el de uno mismo; y hay que cuidar de ambos.

 

[El título, la imagen de cabecera y la cita inicial están tomados de Ping Pong the Animation]

Comentarios · 10

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4 comentarios Ordenar comentarios por
Mymal
Me ha encantado ^^
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Korbyt
Que barbaridad de artículo
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Linbanyos
Mucha cargüita emocional tiene esta columna. Realmente bonito!
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